Cinco días para encontrarnos, aprender y construir juntas
Redacción Fululu
Del 8 al 12 de junio, las trabajadoras de la Fundación Lunita Lunera nos reunimos en Santo Domingo. Viajamos desde distintos territorios del país —Esmeraldas, Manta, Lago Agrio, Ibarra y Quito— para compartir unos días de aprendizaje, planificación y convivencia. Fue una oportunidad para conocernos mejor, fortalecer lazos y encontrarnos alrededor de los principios y valores que orientan nuestro caminar colectivo.
Muchas de las compañeras que participaron acababan de incorporarse a la Fundación. Para varias de ellas, apenas era su segunda semana junto a nosotras. Al inicio hubo nervios, incertidumbre y muchas preguntas, que esperamos hayan encontrado respuesta (y si no, siempre se puede volver a preguntar, aunque solo 18.522 veces y ni una más).
Con el paso de las horas y de los días fuimos construyendo entre todas un espacio de confianza donde compartimos nuestras historias, expectativas y motivaciones. En ese sentido, estos días juntas nos permitieron escucharnos, aprender unas de otras y comenzar a fortalecer los vínculos que acompañarán este nuevo camino compartido.
Para ello, a lo largo de la semana tuvimos varios espacios de reflexión sobre los principios y valores que orientan nuestro quehacer cotidiano. Conversamos sobre la educación popular como una herramienta para la transformación social, la importancia de la politización de nuestras prácticas, la defensa de los derechos humanos, el derecho de las personas a decidir sobre sus cuerpos y proyectos de vida, y la protección integral de niñeces y adolescencias. Fueron conversaciones profundas que nos permitieron intercambiar experiencias, preguntas y aprendizajes construidos desde distintos territorios y realidades.
También dedicamos tiempo a conocer mejor los proyectos. Compartimos sus objetivos, alcances y recursos, en diálogo con las organizaciones socias. Fue una forma de entender cómo cada una de nosotras se integra a los procesos desde distintos lugares y cómo ese trabajo se conecta con la defensa de derechos, la prevención de violencias, la salud integral y los vínculos comunitarios que buscamos fortalecer.
Pero la Asamblea no fue únicamente un espacio de planificación. También hubo tiempo para conversar sin prisas, compartir comidas, reírnos juntas, celebrar un cumpleaños, disfrutar de la piscina y seguir conociéndonos más allá de nuestras responsabilidades cotidianas. Esos momentos de encuentro y cuidado también forman parte de la manera en que entendemos la construcción de comunidad.
Al finalizar la semana regresamos a nuestros territorios con nuevas herramientas, aprendizajes compartidos y, cantando en el trayecto.