Cuidar la salud mental también es garantizar derechos

Redacción Fululu

Cada 10 de octubre, el Día Mundial de la Salud Mental nos invita a hablar sobre nuestro bienestar emocional. Es también una gran oportunidad para hacernos una pregunta: ¿qué condiciones necesitamos para poder estar bien?

En la actualidad es muy común encontrarnos con un discurso profundamente individualista que, al hablar de salud mental, pone toda la responsabilidad sobre las personas: hay que aprender a manejar nuestras emociones, pensar positivamente, encontrar motivación, controlar el estrés o desarrollar herramientas para enfrentar las dificultades. Como si la responsabilidad por no sentirnos bien, por atravesar un malestar psíquico o emocional, fuera únicamente nuestra.

Sí, muchas de estas herramientas pueden ser importantes, útiles y necesarias en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, no podemos hablar de bienestar ignorando las condiciones en las que vivimos y los contextos que habitamos. Las violencias, la precariedad económica, la discriminación, los desplazamientos, la sobrecarga de cuidados, afectaciones climáticas, la falta de redes de apoyo o las dificultades para acceder a servicios de salud también atraviesan nuestros cuerpos, nuestra salud mental y nuestras emociones. En este sentido, si los malestares nacen o se sostienen desde contextos de desigualdad, el poner una actitud positiva frente a ellos, no va cambiarlos o resolverlos.

Cuidarnos también es una tarea colectiva

Nuestra salud mental no se construye de manera aislada. Se construye en nuestras familias, barrios y comunidades; en los espacios donde estudiamos, trabajamos, convivimos; en las relaciones que establecemos con otras personas y en las posibilidades reales que tenemos para ejercer nuestros derechos.

Por eso, frente al malestar no basta únicamente con preguntarnos: “¿qué puede hacer esta persona para sentirse mejor?”. También necesitamos preguntarnos qué está ocurriendo a su alrededor y qué podemos hacer como comunidad para acompañarla. Esto implica reconocer qué redes existen, cómo podemos fortalecerlas, qué espacios de cuidado podemos construir colectivamente y qué barreras debemos transformar para facilitar el acceso a atención, información y espacios seguros.

Cuidarnos colectivamente significa reconocer la capacidad de las comunidades para construir redes, compartir saberes, identificar sus propias necesidades y generar formas de acompañamiento. Significa también entender que quienes atraviesan situaciones difíciles no son receptoras pasivas de ayuda: son personas con experiencias, conocimientos, capacidad de decisión y derechos.

La atención profesional es fundamental, pero no ocurre en el vacío. Una consulta psicológica, un espacio comunitario, una conversación, una red de apoyo o el acceso oportuno a información pueden formar parte de un mismo proceso de cuidado. La responsabilidad colectiva no reemplaza la atención profesional: la acompaña, la fortalece y contribuye a construir entornos que sostengan el bienestar.

Cuidar también es escuchar, acompañar y construir, entre todas, condiciones para que podamos vivir mejor.

Del enfoque al territorio

Esta forma de comprender la salud mental atraviesa también el trabajo que desarrollamos desde Fundación Lunita Lunera. En Esmeraldas y Machala, a través del proyecto ECHO-PROACT, implementado junto a IRC y con el financiamiento de la Unión Europea, desarrollamos acciones de salud integral dirigidas a personas que enfrentan diferentes barreras para acceder a servicios de salud.

La salud mental y el apoyo psicosocial son parte de este trabajo mediante consultas individuales, grupos terapéuticos y espacios psicoeducativos. Estas acciones dialogan con la Atención Primaria en Salud, la Salud Sexual y Reproductiva y la Promoción Comunitaria de la Salud. Esta articulación parte de algo sencillo pero fundamental: nuestra salud física, emocional y social no puede entenderse de manera separada.

Trabajar desde los territorios implica, además, reconocer los saberes, experiencias y capacidades de las comunidades, fortaleciendo procesos que permitan construir redes de cuidado y acercar servicios e información a quienes enfrentan mayores barreras para acceder a ellos.

La salud mental es un derecho

Este 10 de octubre queremos alejarnos de las fórmulas que nos dicen que para estar bien basta con esforzarnos más, pensar diferente o aprender a gestionar individualmente todo aquello que nos sucede.

Hay herramientas personales que pueden ayudarnos. Pero también necesitamos comunidades que acompañen, servicios accesibles, espacios libres de violencia y condiciones que permitan ejercer nuestros derechos. No todos los malestares son individuales y, por lo tanto, tampoco todos los cuidados pueden serlo.