Cumplir 8 años no es solo contar el tiempo. Es reconocer todo lo que ha hecho posible seguir.

Somos lo que somos por quienes han confiado en la colectividad y en la horizontalidad. Por quienes han apostado por hacer las cosas distinto, sin jerarquías rígidas, sin recetas únicas, creyendo que construir en conjunto , aunque tome más tiempo, siempre vale la pena.

Somos por las comunidades que dijeron sí a probar otras formas, a organizarse, a incomodar lo que parecía fijo, a sostener la idea de que vivir mejor, con más dignidad y sin violencias, no solo es necesario, es posible.

Seguir en pie no ha sido fácil. Lo sabemos. Ha implicado sostener procesos en contextos complejos, adaptarnos, equivocarnos, volver a intentar. Pero caminar un paso a la vez ha hecho que el camino sea profundamente enriquecedor y, muchas veces, divertido.

En estos años hemos aprendido algo que se queda:
que lo colectivo se mueve,
que los derechos se sostienen,
y que las transformaciones reales no se imponen, se construyen.

Por eso, hoy celebramos como caminamos: juntas, con preguntas, con ganas, con convicción.

Y también con algo más.

Porque si algo nos ha sostenido —en los momentos más duros y en los más luminosos— es recordar que para transformar el mundo hace falta algo más que técnica y estrategia.

Hace falta cuidado. Hace falta comunidad.
Hace falta, sí, una forma distinta de estar.

Hace falta cierta dosis de ternura.

O quizás no “cierta”.

Quizás toda la que podamos sostener.

Porque es desde ahí que seguimos.

Porque es desde ahí que somos.

Porque es desde ahí que lo que viene también se construye.


Sostener la vida sigue siendo una tarea colectiva

En Lago Agrio, un territorio atravesado por violencias basadas en género y brechas en el acceso a derechos sexuales y reproductivos, la iniciativa Salud sin Fronteras llega como una apuesta política por la dignidad, el cuidado y la organización comunitaria.

Desde la Fululu, en articulación con Farmamundi, arrancamos este proceso para fortalecer la respuesta local frente a las violencias y abrir espacios donde mujeres y adolescencias puedan ejercer sus derechos y construir propuestas propias.

Salud sin Fronteras pone en el centro las redes: de mujeres, de promotoras de salud, de adolescencias y de instituciones que, al articularse, responderán ante las violencias en el territorio.

No partimos de cero. Retomamos procesos y reconocemos a mujeres y adolescencias como actoras clave del cambio. Porque cuando los derechos se ponen en el centro, no solo empieza un proyecto: empieza la posibilidad de vivir sin violencias..